Alzheimer
La estulticia de mi mente se empeñaba en recordar cada uno de tus gestos por si acaso llegaba ese momento en que debía decirte adiós. Ni que decir que ahora mucho tiempo después del hecho sigo recordando cada detalle, cada arruga, cada mota de luz en tus pupilas que ahora se encuentran tan oscuras como el caserío antiguo donde antes tu luz iluminaba cada rincón, cada esquina. Inundabas el ambiente de alegría, que como sembrada en una tierra ubérrima florecía como si siempre fuese primavera, pero con el calor del estío, que nos daba tu sonrisa. Con cada detalle nos sorprendías, pues tu rostro sereno e impasible no dejaba pasar ni una sola oportunidad de obsequiarnos con tu cariño, con tu presencia. Ahora te veo hacinada en un rincón, en esa mecedora balanceándote con un ritmo lento y pesado, una cadencia demencial, que sustituye lo que antes fue la armonía de tu risa. Contemplas el paisaje por la ventana y te giras, tus ojos muestran un brillo nuevo, distinto, y con una voz elegante, como sólo la tuya podría ser, me preguntas cordialmente: "¿Quién es usted, señorita?". Duele pensar que hayas olvidado todos esos momentos, duele tanto...las lágrimas caen de mis ojos, aunque yo continúo con mis intentos fútiles de pausar mi llanto, cosa que tú aún con un gesto dulce intentas, al borrar mis lágrimas con la yema de tus dedos, suavemente. Me miras con cara consternada y oigo sollozos en la habitación continua, te entristeces como una niña pequeña y ahora soy yo la que te consuela, la que te a un abrazo y te abriga, como hiciste túantaño miles de noches, cuando dejabas de pernoctar sólo para espantar mis miedos, mis demonios. Si hacía falta, incluso te quedabas conmigo hasta que alboreaba, cantándome nanas y contándome historias, de una manera que nadie supo hacer jamás, ni siquiera yo, aunque traté de emularte, eres única. Por eso aún no puedo reprimir la angustia y la pena al pronunciar estas tres palabras que siempre te causan sorpresa, y me miras como si no supiera de qué estoy hablando, desvías la mirada como si fuese una aberración, y te ríes, tres palabras que retumban en las paredes: "Soy yo, abuela". La situación se torna jocosa, quizá sólo para huir del dolor...pero satisfice mi necesidad de volver a mirar tus ojos, de recordar el ambiente antes exultante de ese caserío donde pasé mis años más tempranos, en tu compañía...ese ambiente ahora paupérrimo, apagado...pero ya al último minuto de tu existencia supe que me bienquerías, que los estragos de una enfermedad temida y odiada no debía empañar mis recuerdos, los tuyos...he de borrar ahora cada recuerdo de tu figura maltrecha y famélica, entregada a ensoñaciones varias que nunca nadie sabrá, y quedarme con el recuerdo de tu sonrisa límpida y clara, pura...en esas noches en que me arropabas y me cantabas nanas en ese idioma tuyo natal tan raro, y yo me caía dormida en la almohada sabiendo que tú estabas ahí conmigo, que me querías...porque me quieres, y te quiero, y tu recuerdo será venerado y preciado para mí por toda mi vida, y te estamparé en cuadros para que así todos puedan ver la dicha hecha ente, la belleza hecha persona. El lapizlázuli de tus iris estampado en mi memoria...

