Ambrosía

Estancada en la inmensidad del universo me imagino en una vorágine de materia, luz y estrellas, con el peso de mi levedad en el pecho y la voz seca de los gritos de angustia no emitidos por mi maltrecha garganta cansada de gritar. Divago entre calles desiertas llenas de almas en pena que lagrimean tristemente por fados obtusos y paupérrimos entre los lindes de las galaxias colindantes, y decido tomar un batido de estrellas rojas, que tras pasar tanto tiempo en la bodega universal dan un líquido añejo que parece ser ambrosía, bebida de inmortales. Luces intermitentes nublan mi vista y me deleito con el espectáculo lumínico-sonoro que ofrece el universo gracias a su polvo cósmico. Abro los ojos, y repito: ¿Por qué ha de ser absurdo absorberse del mundo y convertirse en aire?



