Auto-engaño

Me escondo en la oscuridad, sin palabras, sin silencios, sin motivos. Me escondo del dolor, que ya se asoma entre canciones nostálgicas...y así evado el olvido. Y tan sólo ruego con lágrimas que pienses un poco en mí, que recuerdes que te espero aquí, como una estúpida. Y tan sólo espero verte un día, sin planearlo, y que tus ojos vuelvan a mirarme como antaño, con deseo....pero no. Y duele. Duele si quiera sospechar que te vas, dejando detrás la sombra de tu ausencia que me cobija en esta oscuridad, latente. Y duele tanto si quiera pensar que tu indiferencia sea palpable, que prefiero morir a verte y constatarlo. Y me duele tanto saber que te perdí, saber que no estás aquí, que no vuelves...que no volverás; que no lo sé. Me refugio en la incertidumbre y en la esperanza sabiendo que el golpe terminal está a la vuelta de la esquina. Mientras voy recolectando pinzas y clavándolas en mis brazos, para que soporten el impacto y así no se me rompa el corazón entre las manos...porque a veces olvido que ya se rompió, es parte de mi auto-engaño. Y a veces, las más, me quemo por dentro, y así mi miedo al fuego se acrecenta a cada instante...y las menos, acepto que lo que vi como amor no era más que indiferencia, que lo que yo percibí no era real, sólo fruto de mi mente,...de mi auto-engaño. Pero vuelve la esperanza, vuelven los sueños, vuelven los recuerdos de los momentos puntuales en que se me infló el alma, con tu presencia. Y me duele tanto...ambos, saber que no te tengo o que te perdí, da igual...eso no borra el dolor candente del amor no querido, no precisado. Me acurruco en el silencio y entre sombras de septiembre constato que amarte, duele demasiado.



