Cállate

No. Sólo dices no y te encierras en tu mundo flanqueado por una barrera de intolerancia y, se pudiera decir, de repugnancia ante las ideas y opiniones ajenas. Te escudas tras tus negativas y postura inflexible y escupes a todo aquello que sea diferente, que no sea concorde con tus propias ideas y juicios. Pared, eres una pared. Sólo gritas y gesticulas en un intento de imponer tus ideas sin dejar espacio para las ajenas en ese espacio acústico colmado de tu voz molesta. Retrógrada y poco respetuosa batallas en una batalla que no tiene sentido más que el propio placer de platicar, mas tú con tu presencia turbadora haces explotar a mi cabeza que no soporta oír el tono alto y desafinado de tu voz a tan poca distancia. Cállate, por Dios cállate. Cállate de una vez y abre tu mente a un mundo de comprensión y respeto, en que expongas tus ideas y aprehendas las ajenas en vez de aplastarlas con tu palabrería barata. No seas tan extremista, deja lugar a los matices, esas pequeñas cosas incontrolables como lo son las variables que dependen del azar y disfruta, observa y aprende. No te cierres en banda a quedarte encerrada tras un muro impenetrable, y cállate, por favor cállate. Cállate y escucha. Escucha y lee en las palabras del prójimo su sabiduría y róbala, sé magnánima. Quiérela toda, la sabiduría entera. Aprende a ser paciente y a no saltar a la primera. Pero sobre todo, calla, disfruta y aprende del silencio, que nunca sobra, ni falta.

