Dolor

Me rompe, me embriaga y me ata a su pasión lacerante, voluptuosa...quiero llorar y no puedo, quiero gritar y...no debo. Me callo y me entrego al silencio, adoptando mi actitud sumisa ante el dolor que me embarga, tragándome la repudia y dejando que invada cada rincón insignificante de mi ser oscuro, acuciado por el dolor y roto ya de tantos golpes y tantas decepciones. A veces me pregunto si la felicidad me está vedada porque son más las lágrimas que las sonrisas, incluso que las tontas o las forzadas. Y contraigo mis facciones en un gesto de rabia que esconde la impotencia más amarga, un dolor sordo en el pecho, las ganas de tirarme al suelo entre tinieblas y quedarme allí por siempre, sin ganas de ver un amanecer, una mota de luz...regodearme en mi propia miseria, dejar que la suciedad me cubra, permanecer bajo capas y capas de algo tan insignificante como mi persona...perderme entre la penumbra y no ver, no ver más, no quiero,...no puedo sufrir más. No puedo más. Una sola decepción más, un sueño roto más, por insignificante que sea y...me desvanezco, porque me derrumbé hace demasiado tiempo atrás y nunca pude recomponerme. Ruego al cielo, o a quien escuche que me lleve al vacío y a la nada de la no-existencia. Que me lleven los demonios, que me desaparezcan. Quiero un prestidigitador que sea capaz de evaporarme, de hacerme aire, silencio...silencio. Necesito más silencio para poder seguir llorando ante el mundo y que no se entere, que no te enteres. Necesito menos valor para así seguir escondida en mi rincón. Necesito menos amor para así poder sentir hasta lo más hondo el dolor, porque simplemente quiero sentir...sentir más que la humedad de una lágrima cayendo por mi rostro, pero es que hace tiempo que sólo soy capaz de quedarme con los sollozos ahogados de mi mísera persona que no es capaz de levantar la frente sólo por no tener que enfrentarse a más dolor, a más lágrimas...otra decepción más, otra espera interminable, que encauza con la corriente de las otras mil esperas infinitas, creando un torrente de instantes perdidos esperando algo que no llega, quién sabe si llegará...quizás vivo la vida en vano, y la felicidad no llegará a mi puerta. Es un regusto amargo, pero no importa. La cicatriz cerró hace ya tanto que me siento casi inhumana, sino fuera por este dolor perpetuo que me atenaza y me atrapa...a falta de otra cosa le invito a tomar una copa que no duda en tirarme a la cara, ¿acaso puedo esperar más? Me sigo hundiendo en él, cada vez más...me sacude e implosiona en mi interior tras los brotes furiosos que minan cada vez más mis ganas de abrir los ojos y contemplar la oscuridad insondable que me rodea...su belleza se me antoja caduca, obsoleta...la costumbre y la rutina se lo lleva todo, ya ni valen los atardeceres sombríos en invierno y su figura majestuosa...sólo me queda una canción lenta que me induce más aún este sentimiento y me ata más a mi miseria...da igual. No tengo fuerzas ni para evitarlo, ni quiero evitarlo. Sólo...me dejo, me lleva y me dejo, me pierdo...da igual. Y las lágrimas que no acuden todavía. Creo que estoy pútrida, en descomposición. Morí hace ya...años. Creo que nunca he vivido. El dolor siempre ha estado ahí, la angustia, la melancolía...la bella oscuridad es la que me tiene en pie, y la que me aplasta contra el suelo sin compasión. Yo sólo sé...que no puedo más. Y ahí entras tú, siempre más. Y yo ya no sé qué hacer...los párpados me pesan, ni escribo ya bien, las palabras son vacuas, y yo simplemente me dejo vencer...

