Infinito

Se perfila a lo lejos tu mirada...yo me escondo, me aparto, me retraigo...camino a la destrucción, dices tú. Pero yo no solo lo oigo, yo lo sigo...lo sigo sin seguirlo, parándome de vez en cuando a ver si te vislumbro en el camino, en un vano intento de contemplar la realidad, pero es que los ojos me escuecen de tanto llorar, y por más que lo intento...caigo, como una losa...silencio. Nadie se inmuta, nadie se acerca, nadie se entera...el dolor va dentro (...) Imagina el Universo, mil estrellas,...imagina el infinito, ¿puedes? Por siempre jamás, como en los cuentos, solo que esta vez no hay lobos, ni seres mágicos, ni paisajes bonitos...solo veo el dolor reptando hasta el fin de mi existencia, asediando mi alma, aprovechándose de mi imprudencia, de ese afán mío de verte pasar por el camino de siempre con los mismos gestos y el mismo andar torpe, hasta el infinito...el infinito dolor que me aplasta contra el suelo, que me estampa contra las paredes, donde mi sangre no inocente sino pecadora tiñe de carmesí los muebles al colarse por la ventana, en los atardeceres...y yo miro por la ventana y veo el infinito, el infinito dolor que cierra las puertas y las ventanas, y me lacera lentamente, con una cuchilla y una canción lenta, al ritmo del compás de esa cadencia que producen mis gemidos cuando me falta el aire al sentir el gélido metal sobre mis heridas, una y otra vez...royendo el hueso, al final. No hay más que decir, nada más...solo que la rutina y la vida me tienen desecha y rota, porque así son las cosas...que los párpados se cierran taciturnos y que la vida se consume a cada instante, hasta el infinito, no cesa jamás...

