Libertad

Una silla, un banquete, una risa...un vestido de fiesta y una tiara. Su vestido de gasa azul princesa se movía con ella a través del salón al ritmo del vals ese que sonaba, como fluyendo entre los dedos...iba de mesa en mesa, de sueño en sueño, con su sonrisa brillante y cabellos dorados, con los pálidos brazos en una pose majestual...los ancianos la miraban y reían sus ocurrencias infantiles, esas de bailar con su peluche roto y viejo a través de la estancia ante la mirada inquisitoria de la sociedad, tan libre...Libertad, pequeña Libertad, con tu risa armónica y tus ojos límpidos, bailas y bailas con la melodía, como bailan las palabras en mi mente, desbocadas y fluctuantes, dando vueltas y saltos rimbombantes, Libertad...tu piel color de nube de azúcar brilla como brillan las estrellas que se ponen en fila para verte danzar, como la luna argentina desprende ese brillo fantasmal...un aura que atraviesa el salón y agita tus cabellos, y tu ríes más, y agradeces al viento el empuje para seguir con tu danza alocada. Dorados los adornos de la sala, pero apagados por la luz de tu presencia, anulados. Nada, nadie brilla como tú, ni siquiera Luz que está por ahí sentada, mirándote mal. Tú sigues con tu baile etéreo, y de repente caes frente a la ventana y contemplas la noche abierta con un suspiro entre tus labios, rojo cereza, y el placer en la mirada. Ante la mirada asombrada de toda la estancia, te arrojas al vacío desde la ventana, gritos espasmódicos suenan: "¡Pobre niña!". Pero no, que no se alteren las reglas, que ya se reían por tu desgracia, sentadas en una esquina, sombrías. No, porque tú vuelas, vuelas entre los hilos de la noche, traspasando cada hebra, vuelas entre las gotas del futuro rocío que ríen con algarabía ante tu presencia. Vuelas, vuelas entre las nubes huecas que se deleitan cuando les haces cosquillas al rozarlas con tus zapatos de cristal, y visitas a la luna, que se alegra de verte, ¿quién no lo haría? Pero sigues tu viaje...todos te miran expectantes, saboreando el gusto del viento en la piel,...una mirada al mundo no es suficiente, tú prosigues tu viaje que jamás corrompe tu inocencia, tu dulzura...todo, absolutamente todo, contenido en ese suspiro que exhalas ante la ventana frente a la que caíste solo al imaginar la noche oscura y su grandeza...abres finalmente los ojos revelando una pureza inimaginable, y todos en la sala sienten la frescura que emana de tu piel...frente a ti una silla, un banquete, una risa...te levantas y sigues bailando, al compás de ese vals que suena, como fluyendo entre los dedos...

