Oprobio

Hoy no me habla la ventana. No me habla de paisajes de ensueño. No me habla de noches límpidas retratadas de estrellas. No me habla de la luna serena que se asoma tímida al caer la luz del poniente. Porque hoy es un día triste. Triste las flores bajo mi ventana, que mustias se conforman con su espacio reducido y alzan la corona, altivas, brillando con un matiz de hipocresía. Porque hoy el mundo se me antoja sumamente putrefacto, y ni la belleza fría de la muerte virulenta se me antoja seductora en este entramado de momentos muertos, estáticos. Fenezco lentamente en sueños complejos de tiempos pasados, y no diré mejores, ni siquiera llego a eso. Mi cabeza se posa sobre mi mano fría mientras oigo el ronroneo de una máquina a mi lado, y las mil onomatopeyas del espacio que me rodean no consiguen aplacar el silencio consumido en mis palabras. La risa me abandona y la sonrisa se esconde, y me encuentro con el gesto abatido de mis facciones ante la misma nada. La nada vacía que llena mis laberintos de...no sé de qué. Ya no sé nada. Me balanceo en la soledad de mi mente sin pensar, contemplando los motivos de mi derrota que no son más que polvo de sensaciones ignotas de quien me hace falta. Y es que hoy simplemente, es un día triste.

