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Auto-engaño

por paranoica
viernes, 05 de septiembre del 2008 a las 00:35
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Me escondo en la oscuridad, sin palabras, sin silencios, sin motivos. Me escondo del dolor, que ya se asoma entre canciones nostálgicas...y así evado el olvido. Y tan sólo ruego con lágrimas que pienses un poco en mí, que recuerdes que te espero aquí, como una estúpida. Y tan sólo espero verte un día, sin planearlo, y que tus ojos vuelvan a mirarme como antaño, con deseo....pero no. Y duele. Duele si quiera sospechar que te vas, dejando detrás la sombra de tu ausencia que me cobija en esta oscuridad, latente. Y duele tanto si quiera pensar que tu indiferencia sea palpable, que prefiero morir a verte y constatarlo. Y me duele tanto saber que te perdí, saber que no estás aquí, que no vuelves...que no volverás; que no lo sé. Me refugio en la incertidumbre y en la esperanza sabiendo que el golpe terminal está a la vuelta de la esquina. Mientras voy recolectando pinzas y clavándolas en mis brazos, para que soporten el impacto y así no se me rompa el corazón entre las manos...porque a veces olvido que ya se rompió, es parte de mi auto-engaño. Y a veces, las más, me quemo por dentro, y así mi miedo al fuego se acrecenta a cada instante...y las menos, acepto que lo que vi como amor no era más que indiferencia, que lo que yo percibí no era real, sólo fruto de mi mente,...de mi auto-engaño. Pero vuelve  la esperanza, vuelven los sueños, vuelven los recuerdos de los momentos puntuales en que se me infló el alma, con tu presencia. Y me duele tanto...ambos, saber que no te tengo o que te perdí, da igual...eso no borra el dolor candente del amor no querido, no precisado. Me acurruco en el silencio y entre sombras de septiembre constato que amarte, duele demasiado. 

Verdad

por paranoica
jueves, 14 de agosto del 2008 a las 02:47
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 Y la verdad me pegó una bofetada. Se echó en el sillón de enfrente y se empezó a reír de mí, con ira y desprecio. Desprecio de mi nombre que tú defiendes atado a su cuerpo llameante y su voz clara...desprecio de tus ojos, de tus gestos, de ellos emana. Y un grito ahogado pero alto y furibundo emerge de mis cárceles interiores, donde mis miedos atrapados juegan con los sueños maniatados a ser los más olvidados por mi memoria, y resulta que tu recuerdo va el último en la lista de competidores, siempre. Y abro mi boca y arrugo mi frente y desato mi furia callada al no entender porqué la vida es tan mentirosa, y el amor tan poco noble, ¿por qué amar a quien no te ama?¿Llorar el mar por quien no nada entre tus aguas?...y me arrasa el tormento de tus palabras vacuas, sin sentido, ¿qué prodigas, qué hablas, qué ocultas? Las miradas que se cruzan se pierden, ¿no lo ves? Se pierden en tu indiferencia, en mi insignificancia. Envejeces en la silla de siempre en callejones fríos de momentos muertos, ¿qué expresas? Leo tus labios mientras cantan fonemas ordenados que no me dicen nada. Nada, ésa es la verdad. Nada hubo, nada hay, nada habrá. Y la verdad me lanza una estocada que no quiero evitar, ni puedo. Luz ígnea en sus ojos revela asco, miedo. No reacciono, no me muevo. Entonces mi grito toma audio y resuena en tu cabeza, en tu cuerpo,...me rompo la garganta, y no sirve de nada. Porque la verdad ha ganado el juego.

¿Cómo te gustaría morir?

por paranoica
miércoles, 13 de agosto del 2008 a las 03:43
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No podemos decir que todas las agonías son iguales. Claro hacen lo mismo (matarte) pero algunas pueden ser dolorosas, y otras dulces como un sopor. Si te interesa saber QUÉ SE SIENTE al morir, aquí tienes algunos ejemplos. Requiéscat in pace.

DECAPITADO
¿Guillotina o hacha? Da igual, porque si nos cortan la cabeza, nada nos librará de sufrir dos segundos de dolor extremo. La cuchilla cercena los huesos que unen la cabeza al cuerpo, y eso, según explicó el forense Harold Hillman en New Scientist: "Tiene que causar un gran dolor". Grande, pero breve, ya que dos segundos después caeremos inconscientes por la hemorragia, aunque el cerebro conservará aún sangre y oxígeno para sobrevivir 15 segundos mas. ¿Explica eso los casos de cabezas cortadas que mueven los ojos o la boca? Según Hillman, solo son espasmos involuntarios causados por la agonizante química cerebral.

SEDIENTO
Y a que el exceso de alcohol causa una ligera deshidratación, podemos imaginar que morir de sed provoca un dolor de cabeza cien veces superior al de la peor resaca que recordemos. Porque, debido a la falta de agua, el cuerpo se nutre del líquido cefalorraquídeo del cerebro, y por tanto, lo seca. Además, tras dos días sin beber, dejamos de orinar y los riñones se hinchan como un globo, lo que causa un dolor similar a una puñalada; los ojos se secan y endurecen como si fueran de cristal. La agonía dura de tres a siete días.

AHOGADO
Aunque muramos en el mar, puede que nuestros pulmones sigan estando secos. ¿Por qué? Gracias a la laringe, cuyos espasmos impiden el paso del agua al aparato respiratorio. Pero ni eso nos salvará... El agua anegará el estómago, y la falta de oxígeno hará que se nos amorate el rostro y que el cerebro sufra un coma mortal en unos minutos.

QUEMADO
Qué podemos hacer si el fuego nos rodea? Esperar un milagro, porque en solo unos segundos las llamas prenderán nuestros cabellos e irán consumiendo, por este orden, las manos, los hombros, el pecho y el rostro; aunque no veremos cómo nuestro cuerpo se calcina, ya que los glóbulos oculares estallarán al contacto con el fuego. Se estima que el dolor es mil veces superior al que se siente al poner la mano sobre una sartén al rojo, y dura diez minutos, los que tardan las llamas en achicharrar los nervios. Pero, probablemente, moriremos antes por las gravísimas heridas.

ASFIXIADO
Un hueso de pollo atascado en las vías respiratorias, o las manos de un estrangulador alrededor de nuestro cuello, provocan la hipoxia, que es la falta del suministro necesario de oxígeno a los tejidos y al cerebro. Las células sanguíneas, desoxigenadas, pierden su color rojizo y adquieren un tono morado que se refleja en la piel. La víctima pierde la consciencia en pocos minutos, y muere de un paro cardíaco.

CONGELADO
Algunas víctimas de muerte por hipotermia se desnudan antes de fallecer, aunque se ignora la causa. Lo que sí se sabe es que el peligro comienza cuando la temperatura corporal baja a 35ºC. Tras los escalofríos iniciales, las manos se entumecen, señal de que nos quedan 90 minutos de vida. Los vasos sanguíneos se hielan, lo que impide la circulación: en una hora, las extremidades estarán congeladas y el dolor será atroz. Antes de caer inconscientes por falta de riego cerebral, algunos se desnudan. ¿Por qué? Las alucinaciones pueden ser la causa.

GASEADO
El monóxido de carbono provoca una muerte rápida e indolora; por eso lo llaman el asesino silencioso. En caso de intoxicación, el CO sustituye al oxígeno en el organismo, ya que su afinidad para mezclarse con la sangre es 250 veces superior. La víctima solo nota un dolor de cabeza seguido de náuseas. Lo más probable es que se quede dormida antes de morir, pero si intenta huir, no podrá moverse. Los músculos están agarrotados por el gas, y el desdichado solo puede reptar unos metros.

DESANGRADO

Tenemos cinco litros de sangre en el cuerpo; perderla toda puede llevar desde unos minutos hasta horas, según el tipo de herida. Al sabio romano Petronio, que se suicidó cortándose las venas durante un banquete, le dio tiempo a hablar de filosofía. ¿Pero sufrió? En absoluto. Podemos perder hasta el 15% de la sangre sin sentir más que un mareo. Pero conforme aumenta la hemorragia, sufriremos una grave hipotermia, hasta que, tras perder 2,5 litros de sangre, entremos en coma.

EXPANSIÓN DE GASES EN EL INTERIOR DEL CUERPO
Al faltar presión externa, los gases de los pulmones e intestino se dilatarán. Si esta dilatación es muy grande, morirás por el puro y simple estallido de sus pulmones. Si por algún milagro sobrevivieras a esto, la ruptura de los alvéolos inyectará burbujas de aire en las arterias, llevando esos globitos al cerebro y matándote de todos modos.

¿Con cuál de ellas te quedas?

Interesante extracto de la página... http://cucoalmeria.net/?p=241

Yo añado...

Morir al tirarse desde una gran altura, ¿se sentirá el impacto?

Morir aplastado lentamente por una aplanadora desde los pies al cráneo, finalmente te lo extirpa, ¿habrá más dolor? Para mí, junto a morir quemado, es la peor de las muertes.

Un tiro en la cabeza/nuca...dicen que se siente, y que el cerebro sigue activo unos momentos, osea que no es tan rápido como lo ponen en los medios...

Morir devorado por algún animal carnívoro, siendo totalmente consciente de ello...

Morir por sobredosis...¿muerte dulce?

....al final, ¿tenemos miedo al hecho de morir, o tenemos miedo al dolor?

....¿Y si...se estuviera produciendo un escape de gas en el sitio en el que estás y fueras a morir quemado en diez minutos...?....

La muerte es inevitable,...

por eso nos da una vida de ventaja,

porque pase lo que pase...

siempre gana.

 

Arrugas

por paranoica
sábado, 09 de agosto del 2008 a las 05:07
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¡Alza la frente, ser! Que los miedos no devoren tus entrañas pues de ellos obtendrás tus fuerzas, al vencerlos. Que los sueños no consuman tu memoria pues con ellos pintarás tu camino, de recuerdos. Que tus virtudes no opaquen a tus defectos, pues recuerda, ¡eres imperfecto! Que las sombras no oscurezcan tu camino pues tú aprenderás a controlarlas. Que la luz no te ciegue pues sabrás evadirla, y aprovecharla. Que tus manos no sean pobres de acciones pues con ellas trazarás tus destinos. Que tus pies se ajen y agrieten de recorrer desvaídos caminos, intrincados senderos de obstáculos vencidos. Que tu mente crezca con el tedio de los pensamientos vagos y las ganas del zagal desprevenido. Que la fuerza te alimente, con el odio, y la rabia; pues tú aprenderás a aprovecharte de ellos. Que el amor no te ciegue ni te deje, ni te engañe; pues tú sabrás sufrirlo. Que el dolor de la muerte no te asuste, pues el dolor te hará sentir vivo. Que el hermano no te venza, pues iguales son vuestros miedos, vuestros éxitos y caminos. Que la sangre caliente abandone tu cuerpo con la frente en alto y la piel tersa, pues tu oponente es la vida,...no te puedes arrugar ante un enemigo tan poderoso.

Muerte

por paranoica
viernes, 01 de agosto del 2008 a las 03:18
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La muerte ronda nuestras vidas agazapada esperando el momento oportuno de cogernos por la retaguardia. Estamos convencidos de que somos indestructibles, no elegidos...cuando somos un muñeco de goma y tres tornillos, que se rompe fácilmente...algunos vivimos rotos por dentro. Entonces la muerte viene con sus labios fríos y besa nuestra vida, llevándose parte de ella...y nos azota el dolor, la agonía, el conocimiento de que somos pequeños, de que somos nada. Se lleva vida joven entre sus manos, sepultándola bajo tierra húmeda y encerrada en un cajón barato, incapaz de contener la insignificancia de ese ser ahora pútrido, inerte. Fenecemos sin morir cuando recoge al electo entre sus brazos y se lo lleva en un suspiro, suspiros arrojamos deseando un cambio, un trueque. El dolor rompe por dentro y Dios no recompone,...ni Dios, Vida, Suerte,...Alegría llora tímida en su rincón predilecto, a la sombra; y esperanza se desplaza por el laberinto del miedo, sin encontrar la salida. Paseamos por necrópolis de alto encanto infestadas de nichos y ojos susurrantes, dejando flores marchitas por el miasma de nuestra tristeza, que inunda el lugar. Una simple lápida, escultura de mármol impersonal, guarda la entrada de lo que antes fue un niño, un hombre. Su fantasma recorre los callejones de muerte en piedra que cubre hasta las paredes, y tendida en el suelo junto a tu cuerpo frío sollozo desesperada a la muerte por tu alma...te siento bajo mi cuerpo, helado, y es sólo tu recuerdo hecho de reminiscencias de lo que fuiste, de lo que perdí. La gente atemorizada observa desde la distancia mi dolor inexorable y solloza en bajo desquiciada, y mis gritos retumban entre las paredes de la cárcel de cadáveres, volando más allá del dolor humano...mi piel sangra, y por más que lloro los demonios me queman por dentro, me hablan de ti, de antes...me retuerzo en el suelo de hierba y mi voz se apaga mientras gesticulo un interrogante al aire...pero tú nunca vuelves. En cambio...yo siempre te busco. Flores negras adornan tu tumba mientras te espero.

Oprobio

por paranoica
miércoles, 30 de julio del 2008 a las 04:22
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Hoy no me habla la ventana. No me habla de paisajes de ensueño. No me habla de noches límpidas retratadas de estrellas. No me habla de la luna serena que se asoma tímida al caer la luz del poniente. Porque hoy es un día triste. Triste las flores bajo mi ventana, que mustias se conforman con su espacio reducido y alzan la corona, altivas, brillando con un matiz de hipocresía. Porque hoy el mundo se me antoja sumamente putrefacto, y ni la belleza fría de la muerte virulenta se me antoja seductora en este entramado de momentos muertos, estáticos. Fenezco lentamente en sueños complejos de tiempos pasados, y no diré mejores, ni siquiera llego a eso. Mi cabeza se posa sobre mi mano fría mientras oigo el ronroneo de una máquina a mi lado, y las mil onomatopeyas del espacio que me rodean no consiguen aplacar el silencio consumido en mis palabras. La risa me abandona y la sonrisa se esconde, y me encuentro con el gesto abatido de mis facciones ante la misma nada. La nada vacía que llena mis laberintos de...no sé de qué. Ya no sé nada. Me balanceo en la soledad de mi mente sin pensar, contemplando los motivos de mi derrota que no son más que polvo de sensaciones ignotas de quien me hace falta. Y es que hoy simplemente, es un día triste.

Espacios vacíos

por paranoica
martes, 15 de julio del 2008 a las 03:10
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Lleno mis espacios de tus recuerdos. De las noches largas en que tu recuerdo me asedia una y otra vez, sin descanso. Lleno mis espacios de canciones inconclusas que hablan de amores no correspondidos, de manchas de humo lacrimógeno en las paredes...supongo que por eso lloro tanto. Lleno mis vacíos de los sueños e ilusiones que me dejan tus recuerdos y los que suscitan los sueños rotos, porque a veces un remiendo no viene tan mal. Lleno mis recuerdos de instantes perdidos, instantes en que retiré mi mano, mi mirada, mi boca. Instantes en que por miedo a perder perdí tu esencia, tu aura. Lleno mis espacios de los trozos de cristal que conformaban la caja de cristal que guardaba mi alma, que se ha roto en ínfimos trozos que se clavan en mi cuerpo, que sangra....cada pedazo lleva inscrito tu nombre, y con cada segundo que te echo de menos me queman la piel;candentes arrasan con mi cuerpo que arde en deseos de tu aliento, pero me descubro mirando al vacío en la negrura de mi habitación, y tú...tú lejos. Lleno mis espacios con los quejidos ahogados de mi alma que grita llorando tu nombre a la lejanía del espacio vacío que se abre ante mis ojos, donde sin tu luz mis miedos me atenazan sin tregua, donde no hay paz. Lleno mis espacios de fotos viejas donde tu rostro cálido arranca sonrisas nostálgicas de mi boca sedienta de tus besos. Lleno los espacios vacíos, los recovecos...con tu vida, con tu recuerdo, contigo. Porque mi mente entresija hilos de memorias y crea imágenes nítidas de tu cuerpo aquí junto a mí en el lecho, y el viento frío en mi mente es como el tacto frío de tus dedos, y cuando entorno la mano para rozar tu rostro...te vas, te esfumas y desapareces. Porque necesito el calor de tu piel, la luz de tus ojos y el brillo de tu piel, la suavidad de tus cabellos y tu voz grave....porque me hace falta tu presencia. Ven, y sálvame. Salva mi alma, cúbreme con tu aliento, con tu miel, y empequeñece mi dolor. Sálvame....salva mi alma. Me haces infinita falta. Y aún así las palabras no calman mi dolor.

La historia inconexa

por paranoica
jueves, 26 de junio del 2008 a las 17:31
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Los hechos que relato a continuación no precisan de fecha, y tampoco la recuerdo. Me han dicho mil veces que no son más que el efecto de angustias, recuerdos desenfocados...ilusiones trágicas que surgen en mi memoria para contrarrestar el dolor. Pero las voces que oigo cada noche dicen lo contrario...La historia se remonta a mi infancia, con un cálido sol de verano y el regusto de la libertad en la boca, el viento azotando los cabellos de mi madre. Nos lanzamos a la mar en una nave cómoda, con camarotes varios y de un blanco deslumbrante con suelo de madera clara barnizada. Mi infancia inocente me llevó a vagabundear por el barco, buscando entre recovecos y lugares prohibidos. Fue entonces cuando los descubrí: muñecos enormes de porcelana, de índole circense, colores brillantes y exultantes por un barniz bien conservado. Había un payaso, un oso...y otras figuras que no recuerdo con exactitud. Pero la que llamó mi atención fue el payaso. Su mirada revestida en maquillaje mostraba un brillo siniestro, pero lo que me intrigó no fue eso. Cuando me situé enfrente de la figura, me miró. Sus pupilas se movieron y una sonrisa macabra se dibujó en su rostro. Salí corriendo despavorida, para tropezarme con el sol abrasador de la cubierta y refugiarme en los brazos de mi madre. Olía a salitre y gaviotas surcaban el cielo sobre el navío. Sin previo aviso, una gaviota graznó y se lanzó desbocada a atacarme. Mi madre me protegió, y nos fuimos corriendo al camarote. Los marineros que estaban alrededor - dos - me miraron extrañados; uno de mirada tosca pronunció algo en un susurro inaudible, sólo pude observar el movimiento de sus labios. El otro sólo se apartó unos pasos y siguió sus tareas sin mayor inconveniente. Asustada, mi madre me obligó a ducharme, me cambié y horas más tarde bajamos a la cena. Algo cambió,  en ese momento mi madre sólo me apretó por los hombros y nos arrastró a las dos a una mesa apartada. La hostilidad era palpable. Pasaron algunos días y un día mi madre me pidió que fuera al camarote a buscar algo, no sé el qué, y tampoco sé cómo me perdí y llegué a la alcoba prohibida. Con un miedo atroz, cada paso, cada ruido pequeño me hacía saltar, pero me atreví finalmente a abrir la puerta de una patada...todo normal. Me fui acercando poco a poco, con recelo, y nada pasaba. Al final me coloqué frente al payaso y...nada. Me di la vuelta y lo sentí: me alejé hasta la puerta y miré hacia atrás, me estaba mirando. Esa mirada era...demasiada humana. Me encontré de repente con el marinero de mirada tosca frente a la puerta, la cual había cerrado de un portazo. Me fui corriendo y no volví jamás al camarote maldito. Quizás si lo hubiera hecho no habrían pasado las cosas que pasaron a continuación, sucesos horribles que mi memoria ha olvidado, pues tan sólo recuerdo hechos sueltos, inconexos, y tan sólo una imagen me persigue: mi madre, los ojos muy abiertos, pintura en el rostro semejante a la de cierta figura escalofriante, y saltando hacia las aspas, diciendo adiós; eso y las malditas voces, que ya suenan, ¿las oyes? Los hechos se desarrollaron de manera rápida, confusa. Sólo recuerdo que los suicidios eran diarios, a veces dos al día. Todos llevaban la cara pintada, los ojos muy abiertos y la misma salmodia entre los labios: "Es horrible...". Quedaron pocos en el navío, y yo fui una de las supervivientes...luego los hechos se desataron aún más rápido: en el barco me tenían recluida, para protegerme. Una niña no debe ver esas cosas...quizás si no lo hubieran hecho ahora tendría una mayor noción sobre el asunto. Cuando tocamos tierra me arrastraron y me esposaron de pies y manos. Creo que a los demás también, pero no pude verlo. Me metieron en una ambulancia y luego en una habitación muy bonita donde he pasado los últimos años de mi vida, desde ese momento, y siempre intentando resolver el misterio...pero hay una pieza que no encaja, un recuerdo fugaz. El marinero de mirada tosca, cayendo al mar, ensangrentado. Mis manos llenas de su sangre. Miré prolongadamente hacia abajo, no había nadie más, y él se había esforzado por todos los medios para no caerse, pero el líquido carmesí de la vida había hecho su trabajo y el hombre había caído al mar. Una manera extraña de suicidarse, evitándolo, pero igual fue una pérdida humana irreparable. Lo más extraño no es eso, sino que yo tenía una herramienta punzante en la mano, ensangrentada. Supongo que el desgraciado me la habrá dado antes de tirarse...y el caso está sin resolver, y yo sigo atrapada en estas cuatro paredes acolchadas, seguro que esperando el momento en que atrapen al payaso para que no me haga daño. Pero lo consiguen a duras penas, porque su voz sigue sonando de vez en cuando, susurra: "Asesina"...me quiere volver loca, pero no lo va a conseguir. Lo que más me duele es el recuerdo que tengo de mi madre: ella corría, se alejaba de mí justo antes de que se cayera hacia las aspas y tiñera el mar de rojo. Había horror en su mirada, creo que el payaso la perseguía. La enfermera abre un pequeño compartimiento donde deposita la comida, y se aleja corriendo. Ignoro la comida y sigo rayando el suelo. Dos pupilas negras me miran fijamente. 

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