La oveja negra
Hielo
Silencio. Te veo a lo lejos enfundada en tu manto negro, con las estrellas en una mano y la otra tendida hacia mí. ¡Cómo osar tocar tu mano, señora!, no lo merezco, simplemente. De su rostro impasible emanan rayos níveos que compiten contra los rayos del sol, que al perder se van renqueando dejando paso a la noche. Con una algarabía incierta alzas tus manos al cielo, esparciendo las estrellas sobre el firmamento, y tu risa sublime se transforma en un círculo sin fin ni comienzo que me cautiva e ilumina el sendero en las noches en que en mí te adentras hasta lo más profundo, dejándome sin palabras por tu solo tacto, en éxtasis con tu presencia. Tus rasgos armónicos dibujan una sonrisa casi pérfida mas perfecta, con tus labios mortecinos teñidos con vino y las dos pupilas sobre mis ojos, abiertos de par en par, intentando retener cada instante de tu imagen, tu figura. Entonces dejas caer el velo que cubría tus cabellos y una larga cabellera negra cae hasta tu cintura, y en lo que sopla el viento levanta el vuelo, transformándose en las ramas de los árboles desnudos ante el invierno. Yo suspiro ante el tacto de tu mano hecha de hielo, tan fría como tus ojos, muertos. Tiemblo y sollozo, pues la dicha es tan enorme que se hace insoportable...tú me arropas con tu manto, como una madre, y entre la gelidez de tu piel encuentro el calor que nunca antes de tu llegada supe encontrar. Oscuridad te llaman; para mí, simplemente, eres la belleza más pura hecha nombre. Y así, caminando por el sendero en una noche estrellada, oigo el gemido del viento entre las ramas desnudas de los árboles ante el invierno y te admiro, y la dicha es tan enorme que me echo al suelo y, sencillamente, derramo mil lágrimas de sangre mientras mi mirada sigue fija en ésa luna argentina que ilumina mi sendero...
La tonta del bote...
¿Tú me quieres?...Yo te quiero. Bien, bien...porque yo también te quiero. ¡Pero calla, guarda silencio! De acuerdo, de acuerdo... ¿pero tú me quieres? Que sí, pequeña, yo te quiero...vale, vale. Dame un beso, un abrazo, dime que me quieres. Ahora dime tú que me quieres. Te quiero. Bueno, bueno... jejeje, si al final sólo me entiende el que debe y no el que cree que debe, y me pongo mi sombrero, mis botas altas, y unas medias rotas, y me lanzo al sendero de... que sí, te quiero. Bueno, vale... me pongo los guantes, tus besos, y me llevo la maleta cargada de recuerdos tontos de cuando éramos niños y sólo nos reíamos porque nos dimos un beso, y el silencio incómodo de la primera caricia se enreda con aquellos recuerdos jocosos de la infancia temprana, que al final son arropados por la emoción del primer instante en que me hiciste tuya, tú, que no eras él...y me miro en el espejo y busco las vendas para tapar mis heridas, que es que no tengo tu suerte de que se junten en mis ojos, y me den esa mirada tan muerta y tan tuya...tan apagada y oscura. Y recojo los desperdicios del suelo...¿pero me quieres? No sé, si te digo que no...¿vas a dejar de preguntar? No. Bueno, bien...te quiero. Entonces, ¿dónde íbamos? Ah, sí, claro...ésos tus ojos bellos, ambarinos, que se dibujan con el dolor de los años...-a mí me encantan tus ojos (¡calla!)-pues entonces llegamos a la parte en que aparece él. ¿Él? Sí, él. La guitarra de la vida y yo con mis New Rock viejas y gastadas, y las medias rotas y...¿he mencionado un sombrero, verdad? Pues mentira, era una máscara de ilusiones falsas con una camisa color chicle de fresa -horrible, sí, sí, horrible...-con la que me escondía, ¡pero el muy desgraciado me la tiró a la basura! ¿Te lo puedes creer? A la basura, a la basura...qué mal, muy mal...pero qué maleducado. Pues entonces dije ¡No! y no sé... me fui por la puerta con cara de amargada y él con una lágrima, pero con ella, porque ay, Señor, ella...ella y ella y ella, bendita ella...con su pelo negro largo y su piel nívea...¡tan pequeñita-ita-ita!jajaja, que me da la rabia y me carcome pero es que es mío y ella lo sabe, y él...buahg, me mira que me mira y yo me pongo mis provocarisas de la época del pun, y lloro por dentro, ah! pero qué mentira, que lloro, que lloro...me pongo una música deprimente y me tiro al suelo en mi habitación, con la persiana bajada y a oscuras, y ahí me río...no, no, lloro cuando lo veo que se va por la cuesta a la tienda de chucherías porque se va a comer fuera y que no, hombre, que no lo veo más...sí lo veo, pero da igual, porque llega la otra y dice Ay! cómo me encanta esto...y ahí viene Peloosss! Correeeee....porque qué feo el pobre, igualito a Brandon Lee pero con piños y colmillos...qué desfase. Que me va bien, pero sin irme bien, ya sabes...que sí te quiero... entonces se me cae la maleta a sus pies, y él coge los recuerdos y los investiga, lo veo que busca en los resquicios de las hojas perdidas donde poesías escritas antaño me recuerdan días donde el sol brillaba menos pero había más luz, esos años de la infancia tierna, con las risas del colacao y yo que sé...se los mete bajo la manga y me espía. ¡Me espía! Su pelo negro tipo peluquería se cruza con el del gitano, rojo peluca como el mío, y se me clavan los pinchos de su collar de perro (que tienes 13 años, quita quita...!!!) dándome risa, que me quito los provocarisas del año del pun y me pongo la careta de seria que apruebo ese examen de las malditas matemáticas que me encantan en sueños donde todo es perfecto y se me da bien sumar, así habría sumado los signos de tu indiferencia y me habría ido con el corazón roto pero entero, en vez de dejar que me lo aplastaras bajo kilos y kilos de David Bisbal y la música ésa del chiringito de verano que casi me muero con el cha-cha-chá y Elvis Crespo suavemente una cuchilla...el caso, que me fui con mi maleta, mis sueños, mi música, mis botas rotas (¿o eran las medias?) New Rock por el sendero del desvío donde te encontré perdido, a ti, a un castillo, a un unicornio y un desvío de vuelta a la realidad al que llego a través de marcas en los árboles del país de mis sueños cuando el momento es propicio, que no es que vuelva mucho, ya lo ves, pero bueno, no hay que dejar a la vida desentendida que se enfada y me doy cuenta de que todo me va mal, pero sin irme mal, simplemente estoy aquí con mis botas, mis medias, y palabras de más. Qué facil es perder el tiempo ignorando el dolor de tu partida pensando tonterías de ésas que decíamos cuando yo te besaba los suaves labios color de chicle de fresa como mi camisa horrible y tu ponías tus manos en los sitios inaccesibles de mi cuerpo y mi consciencia, de manera habilidosa y me rompías sin yo saberlo (Dios que no se entere...) porque el silencio es traidor y no te digo soledad, que estar solo es mentira y nunca verdad, pues en la soledad ella se encuentra - la soledad- así que solo nunca estás , jedi...y yoda muere como muere el alma,...y R2D2 grita que te grita, y yo que me pongo mis provocarisas del año del pun y sigo por el camino con mis botas rotas (y con ropa claro está...) cuyos cordones se me enredan entre los dedos y digo cosas idiotas, y al final sólo me entiende el que debe y no el que quiere, y si no me entiendes te jodes, que no estoy para dar explicaciones sensatas a cosas irreverentes... Que sí te quiero, pequeña...yo también te quiero. Y ahí he el final...
¿Quién eres?
Eres...
Eres el asiento de un vehículo que nunca ocupé. Eres una maleta en la vereda de mi puerta, que se va y que no vuelve. Eres un nombre escrito en la página de algún libro, que amarillea. Eres una rosa negra guardada entre mil cajones de recuerdos... eres tantas cosas que te conviertes en una arcada en mi garganta, una naúsea en mi estómago que me derriba, un nudo que me aprieta y que me suelta, pero que nunca afloja. Eres un grito en la distancia, una sombra en la pared, una mirada esquiva, tímida. Eres, sin más, con una guitarra y muchos sueños; y caminando por el camino vas, pero el camino se llama "sendero del desvío" , y entre ideas te pierdes con el tiempo, en tu castillo de hielo, con vistas al mar. Eres un puñal que atraviesa mis labios, el hilo que los cierra, la aguja con que los cosí tiempo atrás. Eres la sangre seca en mi camisa, la herida que nunca cierra. Eres la voz del silencio, en el que me pierdo, con mi mano entre tus manos, tanteando tu frialdad. Eres la soledad en un vaso, una foto gris y desvaída, rota, con las esquinas dobladas. Eres la saliva en un beso, un cuerpo tendido en un lecho, en una tumba, con la lujuria serpenteando entre los dedos, alguna copa de más, y el honor, que es cada vez menos. Eres pecador, salvador y agorero, pues predicas y adivinas mis pensamientos, rescatándome de ellos. Eres una presencia constante en mi mente, y si no estás te creo, y si no... te dibujo, te sueño. Eres un grito ahogado en el silencio, con mi mano en la tuya, la soledad, tu indiferencia y el viento. Eres un río, un bosque. La luz argentina de la luna incorpórea, que se dibuja pálida en el perfil del día. Eres, sobretodo, luz. Luz... profunda luz. Eres el ticket de un concierto al que no fui, de un tren que no tomé, de una historia que no viví. Eres suyo pero eres mío, y con ella mueres, pero conmigo... mueres de nuevo. Pues no me atrevo a decir que vives, pues tus ojos apagados se quedaron hace tiempo, tu alma voló hasta el infinito, y entre olas de dolor, perdido en el camino, te encontré. No eres mío... pero te tengo, a ti y a tu luz. Tengo la luz... la soledad, el frío, el viento, el mar... y así sigue, mil lágrimas, tus miedos, yo tiemblo y callo, tu te vas...y yo mientras gritaré a los cuatro vientos lo mucho que te quiero, y tú, como siempre, fingirás que no lo oíste, ¿cómo expresar lo que siento?
¿Qué hace falta?
¿Qué hace falta para caer? Dejarse caer, perderse... a veces es tan fácil no darse cuenta de que te caes a pedazos, sencillamente los vas recogiendo, o los dejas... y sigues tu camino. Dejas atrás a gente que iluminaba un poco tu sendero, gente nueva, gente vieja... un día te das la vuelta y quedan pocos, otro día queda uno, otro, vuelven a haber más... y es que es tan sencillo decepcionar, exigir más, una pequeña cosa puede ser tan crucial... y tú sin ser consciente de ello. A veces, sin darnos cuenta, herimos en lo más profundo, simplemente porque no concebimos que alguien pueda valorar algo que para nosotros es tan mundano, tan banal. ¿Por qué tiene que doler tanto un gesto? Una mirada, una palabra... y es que las palabras son puños. Así llega esa sensación, ese desamparo, ese descontento... la tristeza se instaura, y es sorprendente como arrasa lo que hace un momento era tan normal, quizá, incluso, alegre. ¿Por qué cuesta tanto ver la luz y caer es tan fácil?
Se rompieron sus alas

¿Por qué? Se encontraba entre los pliegues de su piel, arropada entre su luz, protegida; la oscuridad, fría, remitía, se escondía... Un día se encontró mirando por la ventana de los sueños, y lo vio allí, recostado, bajo la luz argéntea de la luna sangrante, que se posaba junto a él, a ras de suelo, y un suspiro se oía en la distancia, cada vez que él cerraba los ojos, un suspiro tras la ventana... añicos, por el suelo, en las paredes, las teclas de un piano tiradas en la alfombra, los sueños ajados, desvaídos. Su sangre, roja, fluyendo de sus labios pálidos, cual la luna sangrante que se esconde, temorosa del escenario. Es un teatro. Un zapato atraviesa la ventana, y el estruendo no consigue callar los gritos de quien se sabe perdido, y allí, tras la ventana de los sueños miraba. Y mientras miraba caían las lágrimas, como cae el alma de quien pierde la esperanza, con un sonido sordo. Adiós, dijeron sus labios. Adiós por tantas cosas,... adiós por tus silencios. Adiós, sin más. Te veré, espero, luego. El público aplaude, se oye el repiqueo de un aplauso, un eco suspendido en el tiempo. Un logro más, que no vale nada si no te veo... pero te veré después, espero. Y allí estaba, tras la ventana de los sueños. Otro repiqueo. Neblina. El cristal de su mirada se enturbia, el cristal de la ventana de los sueños, que es la puerta a sus deseos, sus anhelos y sus miedos...son las lágrimas, que se han autoinvitado al juego. No ve, no veo... ¡Y entre tantas cosas, linda niña, tantas cosas, pequeña, te has olvidado de lo más elemental!, ¿no ves acaso, linda niña, que se han roto tus alas?¿Y que las lágrimas caen, cual manantial? Tus ojos son los sueños, el cristal. Y el zapato de porcelana ha impactado en el centro, y los labios pálidos ensangrentados han quebrado tus sueños, y la otra música se ha acabado, se ha acabado el festival. Los cristales en el suelo son los restos de tus alas, ¡pobres alas de cristal! Quítate los trapos, cierra la ventana, aún rota, da igual. Tus sueños son papeles, déjalos volar... vuelve al mundo pequeña, se ha acabado el festival. Y allí quedó, transparente, en una mano los fragmentos de aquello que la ayudó a volar, de la otra, con el viento, mil papeles echó a volar. Y un susurro congelado, taciturno, rompe el instante: ¡No te dejes! El anciano amable, de mano arrugada, "¿No ves linda niña, no queda nada...?" La perfidia, de sus manos, emana, y a lo lejos, dos labios argénteos siguen susurrando, y la luna roja se asoma,... Los zapatos a los pies; las alas, maltrechas, en uso, tras el viento, que ha robado sus sueños, y las lágrimas...siguen, y el susurro no es susurro, sino aullido de emoción al volar con el viento, y los sueños en la mano, de nuevo.
- ¿Y por qué?
- Pues porque, es tan fácil... tan fácil olvidar, mirar de lejos, sin pensar... un espacio atemporal, una calma aparente, ése paréntesis... que cuando vuelves a mirar, aún con los cristales rotos, te has dejado llevar, por quienes no te buscan sino por maldad; y es que es tan fácil perderse en sueños...



