Paradojas

No tengo letras, ni palabras. No tengo ideas. Revolotean en mi cabeza frases inconclusas que no llevan a ninguna parte más que a la palabrería barata y sin sentido, casi dogmática. Me asquean, de eso hay demasiado en este mundo como para seguir manchando...esquivo dos oraciones enunciativas que no dicen nada y me quedo mirando al techo a ver si caen de una vez las ideas brillantes, pero se ve que hace calor y se quedan por allí, con las tuberías, seguro que se está bien arriba...nada cambia, nada es igual, cada día es un poquito más igual que ayer pero con diferente hora y fecha,...y se esfuma el tiempo entre mis dedos, y no hago las cosas que debo, y pasan los segundos sin que me de cuenta y ya es demasiado tarde. No sé qué hay en mi cabeza, pero no me deja pensar. Voy como muerta por las calles sorprendiéndome con callejones que aparecen de entre esquinas que no conozco. Todavía me pregunto cómo llegué hasta aquí. Creo que no lo sabe ni el que todo lo sabe, pero da igual, no es que importe. Lo que importa es que no sé qué escribir. La mente en blanco y las ganas con garras, otra paradoja de esas que conforman la vida. Porque a veces, muchas veces, pienso que la vida son las cosas inexplicables. Justo por eso, son vida. Simplemente, están. No se sabe para qué, ni porqué. Es mejor. De todos modos, he caído en la trampa. Mira mi palabrería barata y búrlate. Pero es que hoy no sé qué escribir.

