Polvo...
Caigo, caigo, caigo...lucho contra mi mente y dibujo des-sonrisas en mi rostro, el frío congela mis facciones y el viento azota mis cabellos y mi alma se regocija de eterna dicha...la belleza mortecina del invierno crudo me reconforta un instante, demasiado nimio como para rescatarme. Avanzo trastabillando a lo largo de la calle y contengo la respiración ante las miradas ajenas...me hundo. Fuerzo la barrera y unos ritmos oscuros me llevan a través de los laberintos de mi mente a las calles sin salida donde abundan los recuerdos...a veces es gracioso el cómo fuerzo a la felicidad a rendirse, aplacando toda pulsión que me lleve a la más mínima exaltación de lo bueno de esta realidad putrefacta que es mi mundo...la he creado yo, pero es que es mi espíritu masoquista, que busca siempre la belleza, aunque sea en el dolor. Notas tus pies en arenas movedizas, y te mueves ferozmente para que te consuman...pero no importa, para el dolor no hay salida, ni aquí, ni allí...no hay salida. Vuelas lejos, tan lejos...que vuelves y todo se ha caído a pedazos, no hay nada que hacer...sólo a lo lejos un recuerdo me tortura,...cual agorera vaticino el momento en que se desmoronará en polvo mi cuerpo, dejando tras de mí la nada que me llena...es la visión del ideal, de lo perfecto...lo sublime. Mis anhelos condensados y aprisionados en formas, formas inalcanzables...el dolor hecho deseo. Deseo de lo inasible, de lo impalpable, de lo inefable...la eterna búsqueda del ideal. Yo sigo cayendo pues el dolor es puro, y no hay más que decir...por asir lo inasible moriré, si es preciso...



