...quédate un momento
Se volaron...¿quienes? Las palabras, por supuesto. Se fueron, con una carta de renuncia, la mirada cansada y poco equipaje, una detrás de otra, en una fila india...pasaban como emanando condolencias por los ojos, y una mueca extraña, ¡tanto trabajo para esto! Toda una vida...y allí me quedé, sin palabras. Sin palabras...sin palabras para decirte te quiero, me haces falta,...se fueron tras tus pasos, las pobres palabras...decepcionadas de la vida, ¡fallaron en su cometido! Solo eran dos de ellas, la expectación, la emoción, llega el momento...pero no me atrevo, no me atrevo porque tus ojos son fríos, frío hielo. Y ahí me quedo, pequeña y menuda ante el mundo austero, ante el mundo impersonal, inhumano. Encogida en mí misma, la gente pasa y desvía la mirada...el cielo está gris, el suelo está gris,...el tiempo gira deprisa, las cosas se desdibujan ante mis ojos, la gente pasa volando, las luces borrosas...como en un torbellino...un torbellino en mi interior, devastador, y ahí me quedo, encogida en medio de la calle, con las manos en el pecho, en un vano intento de acariciar a mi corazón desecho, que me duele que es que no puedo...no puedo. Un golpe, dos, alguien me mira, dos risas, pasa el tiempo...las lágrimas llegan con un contrato, dicen que es permanente, porque tu ida es irreparable,...yo firmo y se rompe la copa, caigo al suelo, mil pedazos se disparan en todas direcciones, el cristal, mi alma, y las lágrimas...caen torrencialmente, como en una progresión ilógica, se aferran a los tejados, empapan los cristales, las ropas...hasta las comisuras de mi boca, caen al vacío...a lo lejos, tan a lo lejos...en el recuerdo...siempre vivirás en el recuerdo, en el país de mis sueños, donde me atrevo a decir algo tan tonto como quédate un momento, dame la mano y cuéntame un cuento, donde yo sea la princesa y tú mi caballero...y la gente pensará qué par de idiotas, qué par de locos, qué par de niños...pero es que quiero ser una niña, pequeña, tan pequeña, que no se note que me he quedado hecha nada, menuda y destrozada...pequeña para que los trozos de mi alma desperdigados por el vacío sean menos, para así recomponerlos más rápido...y el tiempo corre deprisa, y los golpes se suceden, y las luces son líneas informes de colores amargos, blanquecinos...y paseo por las calles de mi vida, siguiendo tus pasos, preguntando a las esquinas,...sigo buscando a las palabras que siguieron tu sendero, porque sin ellas no entiendo el contrato de las lágrimas y me temo que además por ellas no veo, y resulta que no sé porque sigo en pie si no te tengo...

