Sin armonía

Me enfrento en perpendicular al espejo, a la foto de mi rostro, a la pena de mi anhelo. Todo se rompe en trizas, mis ilusiones, mi felicidad, mis sueños. Llegó ese momento en que eres una isla en medio del tumulto del cielo, que gira muy deprisa y que con cada viento te va a atizando golpes, si no es aquí, es allí,...si no, por acá. No hay manera de escapar de dejar mi máscara veneciana de pico largo y gesto fruncido echada en el suelo junto con las sonrisas falsas. Me duele mi imagen, me duele el espacio, el tiempo. Siento que cuando más te tengo, más te pierdo...aún así bebo de ese elixir que emanan tus palabras, e imagino que te veo. Me duele el saber que soy imperfecta, un conjunto de rasgos inarmónicos, unas formas obscenas, desagradables. La cámara añeja sólo devuelve dagas, golpes certeros. Me miro desde un papel plano y siento asco, siento desprecio. Siento que te conozco y sin embargo las mías son palabras al vuelo sin mi nombre, sin mi rostro horrible,...sin mi voz, que no sé cómo es, probablemente, un chirrido desagradable, viendo el panorama. Porque es tan jodidamente fácil que lo que antes fueron alegrías sean ahora lágrimas. Tan jodidamente fácil cambiar de perspectiva cuando tienes en tus manos lo que buscabas. Sería tan jodidamente fácil dejar todo aquí y marcar el vuelo...un nicho me aguarda, ¿para qué retrasar su espera? Pero es que sería jodidamente fácil, y la indolencia que me invade, no llega ni a eso. Será que sigo esperando tu elixir, esa cosa nimia que bebo y hace que se me olvide el mundo un instante, hace que el dolor repte hacia dentro y no hacia afuera. Pero es que sería tan fácil...que parece sorprendente lo difícil que es tomar la decisión de hacer las cosas fáciles. Sigo con los trozos de espejo en la mano, de pura rabia. Y es que hay días en que, simplemente, me odio. Y hoy, hay que añadir a desprecio. Nunca me gustaron las cosas sin armonía.



